Sí es cierto que ocurrías cada día abrazada al monstruo que soy
y yo tenía aquella sensación de desmerecimiento tan perfecta,
me recuerdo bajando al bar mientras dormías
y bebía cerveza mirando las pantallas, como si el alcohol fuera algo casual
en mi pequeña vida, como pisando las grandes desgracias
con mis débiles pies desnudos.
Tenía también aquella sensación de hipofixilia al mirarte secarte el pelo
y maquillarte tan morado y tan marrón, tu novia, decías.
Subía por los ascensores de las ciudades que amaba tanto
con los brazos abiertos mostrando las sienes de las muñecas
en los espejos ahumados, tan amables con la fealdad,
y me metía en aquellas camas donde tomaba el sol analgésico de tu compañía
o esperaba a que volvieras tratando en vano de dormir, nervioso,
mellando el colchón con una erección de titán
como las rodillas de los fieles mellan de tanto rezar, las piedras de la cueva.
Y también el mar, amor,
las terrazas en los atrases de P, donde abría mi garganta de fakir
frente a las jarras heladas del verano
para hacer aquella visión de los pisos que se alzan frente al mar, soportable,
aquellos pisos en que yo me imaginaba estirando la experiencia mujerísima
que supones
hasta reventar de velocidad, como los coches que trucan los niños
en los garajes de los pueblos.
Y mojé mi píes en el mar y entendí al fin, quien soy.
sábado, agosto 28, 2010
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4 comentarios:
Me gusta ese monstrue niño, hombre, que se desliza por la realidad de aquel mundo de mentira, en el que nos movemos, decidiendo cosas, tan complejas, como el amor...
Saltándonos fuentes,
pasos de peatones,
baños árabes, catedrales.
Arañando palabras, paredes,
arenas,palmeras, Mc Donalds.
Besando, imposibles, ingrávidos
tus atrases.
Guárdame pequeña, sola, ausente,
en esa cajita que
hizo a Pandora
enemiga pública número uno
de la modernidad.
Joder, cuánto talento. No me canso de repetirlo.
Ánimo, eres un lujo.
Quien...
...
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