martes, abril 20, 2010

La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir

martes, abril 20, 2010
debí haberte besado más urgentemente
C. Chaouen

Mi memoria es el cine, y como el cine
comienza con un tren silenciosos avanzando hacia la pantalla,
atemorizando a los campesinos franceses de 1895
que hasta entonces habían visto, como mucho,
fotos picantes de chicas avanzadas, entradas en carne,
sonrientes y perplejas por aquellos flashes de polvo cegador.
He caminado mucho sobre las aguas de la vida,
con fascinación por los meandros que me han sido dados a observar
y que nunca me desviaron,
quisiera agradecerle a alguien esta bendición
de poner el cojín rojo de Ikea en mi vientre y sentirme tan acompañado
y de mirar el reloj despertador a cada rato y saborear la gloria de los minutos,
pues todos tenemos derecho a nuestros quince entre las estrellas.
La bendición de la memoria velada, eso quisiera agradecer,
esta suerte inmensa de saber convertirte en una nube buena de pensamiento cinematográfico.
Porque lo nuestro empezaba en un apartamento minúsculo,
un cuchitril interior de 300 € al mes en invierno
todos el santo día mirándonos a los ojos, probando nuestra suerte,
bendiciendo la ventanita que da a las calles luminosas,
nuestros ojos, esos dos patios oscuros, mirándose hasta la ceguera.
Tú sonrisa lunática, superviviente de los cafés y las pastillas de la vida
despidiéndome cada mañana, y diciendo
hoy será un buen día en el aeropuerto.
Me gusta el cepillo largo y azul con que limpio el morro de los aviones
me gusta saltarme las normas y quitarme los protectores auditivos
en los despegues
quiero sentir el corazón de los aviones en mi corazón
quiero ser sordo y ensanchar el sentido de la vista, te quiero ver en siete dimensiones
y tocar, quiero tocarte con mis manos nuevas con millones de ojos de mosca
en mis dedos pequeños.
Quiero esta vida sometida a las imágenes, al mar, al terror de tu personalidad
sin acordarme de nada ni de nadie, como el primer clon humano
que llama papá a un tubo de plástico y mamá a los días Martes.
Cuando te toco me pongo serio y parece que vaya a decir algo grande.
En Alemania todo es diferente,
lo mío es poner ladrillo, pasta, ladrillo, pasta y ladrillo,
no coger nunca el autobús, volver a casa corriendo como si me fuera la vida en ello,
no aprender nunca nunca el idioma
ensanchar mis pensamientos en el silencio perpetuo, solo hablar contigo en Español de Ecuador ,
la vida chévere, los helados de sabores extraordinarios,
un mundo ilegible de consonantes y coches silenciosos
nuestros besos de Hendaya
en los que yo te tomo la cara con las dos manos
en señal de respeto a tu civilización más avanzada,
es decir
seguir con mi promesa de no cerrar nunca los ojos cuando te beso
es decir
amor por tus orejas desnudas y perforadas
amor por tus ojos azules, decirte con acento de Castilla:
soy el dueño del último tesoro de los vikingos
pues los ojos azules serán más infrecuentes cada año
debido al choque de razas,
por culpa de tipos de origen campesino que ahorran para un billete de avión,
con corazones a 1000 ºC como el mío.
La otra vida la llamo: la vida de los museos y de las gruesas cuberterías de plata
la vida intrusa de no comprender nada, el desperdicio de los vinos más caros
que bebo e incorporo a mi extraña naturaleza mientras planifico cómo asaltar tu boca de hierro,
entro junto a ti en todos los museos de la Tierra sin comprender nada, adormecido,
con una erección plateada y estratosférica,
solemne con tu cultivada inteligencia y con tu largo cuerpo
que parece la obra maestra de los arquitectos del futuro.
Cuando follamos me acuerdo del entierro de mi padre,
pues querría permanecer sumergido en ti por siempre,
tus grandes ojos negros saben mirar con esa pose de travesura y lascivia,
mientras duermes miro el techo y me río
porque está a la vuelta de la esquina la patente de los espejos con hipocampo.
Mi corazón es el cine, que avanza hacia la simplificación de los disparos
y de los besos,
casi se sienten los besos de Alicia en las sesiones 3D,
una chica que usa el mismo perfume que tú se sienta a mí lado,
el lujo es cuando me inundas los sentidos.
 
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