NOTA: Ayer 30/07/2009 una compañera de trabajo lloró delante de mí leyendo esta pieza. Yo me hice escritor por varios motivos:
I) Cosas como ésta
II) Billetes de 500 €
III) Escasez alarmante de blogs de poesía y en general de muestras de exhibicionismo emocional
Se está planificando un recital con mi hermanito de otro padre, otra madre y otra patria en Septiembre. El sitio está por determinar pero será algún tugurio de Madrid o Salamanca, el título provisional del evento es “Pinches Guajes”.
Os quiero.
Radiohead - Creep.mp3
Qué evento más extraordinario es verte mirar por la ventana del hotel
una Sevilla imaginaria, que se enfrenta al calor con el puño en alto,
toda su gente durmiendo en las horas centrales del día para no morir,
tocando palmas, viviendo a una velocidad prudente, contando
chistes que afilan su acento para no morir, comiendo rebozados
-en eso son iguales las ciudades frías y las tórridas: mucha grasa,
mucha cerveza, muchos ojos clavados en el suelo para no morir-,
qué mapa más claro son sus trópicos hechos de cuerdas de tender
de un verde desgastado y brillante.
Eres rubia
como no son capaces de ser las mujeres en mi país,
me da igual que tengas el pelo de la cabeza matizado químicamente,
porque eres rubia en esencia, tienes parte del cuerpo y del alma
que no se pueden teñir, salvo que quisieras morir envenenada.
No quieres morir.
Me gustaría mucho ser especial como lo eres tú,
no especial a mi monstruosa manera,
que me hacía rezar de niño cada noche un pack sin fisura de oraciones,
siempre las mismas, haciéndolas coincidir con las paredes
de la habitación para no perder nunca el hilo
y para proteger a mi familia, para protegerme a mí
y para proteger la panadería de mi padre de esa chispa inesperada, ese incendio
que nos dejaría de patitas en la calle. La harina arde como las colonias
de Walt Disney.
Las oraciones salieron de mi vida cuando entraron las copas y las chicas,
-solo Dios sabe en qué orden-
pero volvieron a entrar cuando mi padre se moría, gracias al cielo yo ya era un hombre
de los pies a la cabeza -22 años-y profesionalizaba las oraciones,
me acordaba del sagrado corazón de Jesús, detestaba a los nostálgicos de la dictadura
que lo nombraban por la televisión como si fuera su escudo,
y rezaba compulsivamente hasta desprender las palabras de su significado,
hasta que me dolía la cabeza.
Me gustaría llegado el caso, ser un suicida sin alardes, sin llamadas de exhibición,
me gustaría ser un ejecutor frío como tus labios, llegado el caso.
Me gustaría ser especial, ese tipo de personas de las que nadie se quiere desprender,
de las que tienen una medalla de oro virtual en el pecho,
uno de esos tipos a los que les pasa la tragedia y la soledad sonámbula lo suficientemente cerca como para rematar sus peinados
y seguir sonriendo y sonriendo.
