Al pobre diablo le gustaba pensarse
coordenadas geográficas en medio del Mar del Norte,
era bueno ser un lugar frío, lleno de peligros
e inexactitudes,
para ponerle las cosas difíciles
a esos nadadores valientes
de ojos claros y llenos de inteligencia vikinga.
A veces dirigía su memoria embadurnada
hacia aquellas mujeres que constituían por sí solas
géneros musicales,
ramas de la ciencia,
la sonrisa cansada del sol y la mirada lujuriosa
e iniluminable de la noche;
pensaba en cómo llegó a abrazar casi delictivamente
sus cuerpos tiernos hasta crujir.
Esas mujeres eran la luz de la bombilla y les dedicaba
una oración física cada una de las noches
de su vida.
Luego estaban las otras, las misteriosas,
las que no habría de tocar nunca,
las que dignificaban el mundo con su aliento dulce,
a esas también les dedicaba una ración importante
de sus pensamientos diarios,
¿cómo cerrarían los ojos en la intimidad
cuando los amantes se miran tan tan juntos,
iluminarían aún así la habitación con su esclerótica
de blanco atómico?
Y sobre todo
¿qué proporción de perfume elegante y colonia
de bebé usarían para cubrir su cuerpo los sábados
golfos de la Universidad?
Esta pregunta era importante,
le bañaba de sudor y le privaba del sueño
hasta bien entrada la madrugada.
lunes, junio 22, 2009
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1 comentarios:
si fueras cocinero lo único que se te podía pedir más sería perejil, man, eres un crack.
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