Los muchachos se recrean viendo su reflejo en la pintura brillante de un Ferrari,
que estaciona en un hotel imperial de la Castellana por la tarde
-por la mañana siempre hay un Maserati azul,
Azul Maserati según mi hermano-
las chicas les miran satisfechas,
ven desde una distancia sabiamente femenina
cómo van separándose sus clavículas,
cómo sus cuerpos van arrebatándole terreno al aire que les rodea,
ellas aguardan custodiando el destino esplendoroso que les reservan,
administran el tiempo como yo administro
las cuatro perras que me quedan para darle esquinazo a este mes.
miércoles, junio 24, 2009
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